Por Peter Kogelbauer

La Gestalt nos enseña un camino de transformación personal a través de la experiencia: al tomar más conciencia de lo que vivimos en el aquí y ahora, facilitamos procesos que nos ayudan a aceptar mejor nuestra realidad y a conseguir cambios personales. Esto mismo es aplicable, en un principio, a la sexualidad: la toma de conciencia y la presencia en la experiencia nos facilitan crecer como seres sexuados. Sin embargo, en la práctica nos vemos limitados por muchos tabúes asociados a la sexualidad: nos encontramos con prejuicios y emociones, como la vergüenza, el miedo o la culpa, que nos dificultan hablar sobre nuestros deseos y necesidades más profundos y, más aún, explorarlos de forma consciente. Así es fácil que experimentemos la sexualidad como un ámbito en el que tenemos poca libertad, que nos encontremos con vivencias que no sabemos gestionar bien o que hayamos aprendido a ignorar esta parte de nuestra vida. O quizá nos topemos con limitaciones a nivel corporal que no nos permiten disfrutar plenamente de nuestra sexualidad.

El enfoque de Sexological Bodywork ofrece una metodología efectiva para poder abordar diferentes aspectos de la sexualidad de forma vivencial. La clave para el crecimiento personal reside en la toma de conciencia de lo que experimentamos en el momento presente. Dentro de un claro marco terapéutico-formativo, utiliza diferentes actividades, como ejercicios de respiración, contacto físico, masaje, movimiento consciente, comunicación verbal y meditaciones activas, con el objetivo de entender mejor el funcionamiento de la propia sexualidad, para enraizar más en el cuerpo esta vivencia y poder gestionar la propia experiencia sexual de forma más consciente. Así, facilita la integración de lo sexual y lo afectivo y permite crear vínculos más profundos con la otra persona. O –dicho de otra manera– nos enseña caminos para poder estar más presentes en la experiencia íntima.

¿Cuáles son las barreras que nos dificultan estar presentes en nuestra experiencia sexual? Un primer plano donde podemos explorar nuestro potencial de placer es a nivel corporal. Existe una gran variedad de maneras de tocar, y la capacidad de percibir las sensaciones corporales a través del tacto es algo que podemos entrenar. Muchas veces estamos acostumbrados a tocar con un objetivo, por ejemplo para manipular objetos, para hacer algo con nuestras manos o –en la intimidad– buscando la erotización. En otras situaciones, en cambio, hemos aprendido a censurar emociones o impulsos eróticos, un mecanismo que puede haberse vuelto inconsciente. Sea como fuere, de este modo ya no estamos plenamente presentes en la experiencia. A través del tacto consciente podemos desarrollar nuestra sensibilidad al tacto, explorar nuestras dinámicas personales y recuperar partes rechazadas.

"Aprender a recuperar el poder de sentir y disfrutar que está en nuestra respiración, en el movimiento y en la voz, pueden ampliar y enriquecer nuestra vivencia de la sexualidad."

Desde pequeños, muchos hemos aprendido a limitar la expresión de nuestra sexualidad: cuando empezamos a tocarnos y a masturbarnos en la adolescencia, normalmente lo hacemos a escondidas y, para no llamar la atención, a menudo hemos aprendido a no respirar mucho, a no usar la voz, a no movernos demasiado. Además, con frecuencia, todo ello va acompañado de una pauta de excitación que se asocia a tensiones musculares, especialmente en la zona pélvica. Todos estos factores (poca respiración, no usar la voz, escaso movimiento y tensión muscular) reducen la capacidad para percibir sensaciones corporales. En consecuencia, muchas personas han desarrollado una sexualidad en la cual la excitación sexual se basa más en estímulos externos, especialmente visuales, y en la fantasía y, menos, en las sensaciones corporales.

El concepto de «agujero genital» se usa para describir una situación en la que una persona tiene poca conciencia corporal en su zona íntima. En general, la zona genital es una zona corporal que no conoce un contacto físico sin intención, sino que más bien el contacto ya tiene un objetivo. El tacto con presencia en la zona íntima sin objetivo es algo poco conocido para la mayoría de las personas. Aprender a recuperar el poder de sentir y disfrutar que está en nuestra respiración, en el movimiento y en la voz, pueden ampliar y enriquecer nuestra vivencia de la sexualidad.

Si aumentamos la conciencia corporal, también tendremos más información y libertad para gestionar nuestra excitación y la energía sexual. Facilita nuevas posibilidades de actuar a personas que se encuentran con ciertas dificultades en su experiencias sexuales relacionadas con el orgasmo, la erección o la eyaculación.

"Mantener una comunicación abierta sobre lo que realmente nos mueve en la sexualidad es un elemento decisivo para mantener viva la llama de la sexualidad."

Otro nivel donde podemos explorar –y desarrollar– la presencia es en el modo de gestionar nuestras necesidades, deseos y límites. Tener una vida sexual plena significa poder identificar estas necesidades y deseos propios, así como percibir los límites y sentirse cómodos para expresarlos a la pareja, negociarlos y encontrar formas de realizar los propios deseos en resonancia con los del otro. Aunque a primera vista no lo parezca, la sexualidad sigue siendo un ámbito ligado a muchos tabúes y emociones desagradables, como la vergüenza o el miedo; y muchas personas, incluso habiendo realizado largos procesos de terapia u otro tipo de crecimiento personal, pueden interrumpir estos ciclos de necesidades en distintos puntos.

Con frecuencia, la sexualidad compartida se centra en satisfacer al otro, dando poca importancia a los propias necesidades, que pueden considerarse inadecuadas. O al revés, hay personas que se centran en sí mismas sin tener en cuenta al otro. Entre muchas parejas existe un alto nivel de incomunicación durante y/o sobre el sexo. Numerosas facetas de la propia sexualidad, como por ejemplo fantasías, deseos o la masturbación, quedan escondidas, no se comparten con el otro. Mantener una comunicación abierta sobre lo que realmente nos mueve en la sexualidad, sobre lo que queremos explorar, es un elemento decisivo para mantener viva la llama de la sexualidad en parejas de larga duración, es una clave para desbloquear situaciones de rutina y aportar más creatividad, fluidez, espontaneidad y juego a la sexualidad. Así, la sexualidad se convierte en algo vivo que cambia en el tiempo en conexión con el proceso y el crecimiento personal de cada uno y en resonancia con su entorno.

En este camino de crecimiento, nos encontramos también con las fijaciones de nuestro carácter y otras identificaciones que, por influencia cultural o familiar, hemos aprendido; por ejemplo, las de género. Permitiéndonos explorar más allá de estas identificaciones, la metodología Sexological Bodywork nos puede aportar más riqueza y profundidad en nuestras experiencias eróticas, más apertura hacia la pareja y más plenitud en nuestra sexualidad. Así, la vivencia de la sexualidad puede convertirse en un baile, un encuentro creativo con nosotros mismos y/o con otra persona; podemos surfear sobre las olas de nuestra emocionalidad y energía sexual; podemos explorar la gran fuerza y la conexión que nos aporta la sexualidad, la intensidad de lo sutil y de la fuerza sin tener que llegar a ninguna parte, solamente viviendo y disfrutando del momento presente.

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